Una mañana cualquiera

Una mañana cualquiera es la de hoy. Una de las tantas mañanas del año en que, pudiendo ser lunes, martes, miércoles, jueves o viernes, estoy llegando al cuarto a despertar a mi hija con una bandeja en las manos, herramienta indispensable que utilizo para asegurar su pasaje a la vigilia.  

Una pista para saber cuándo acontece justamente ese pasaje, es la reflexión o pregunta que ella dispara. Puede ocurrir mientras termina el desayuno, mientras se arregla frente al espejo, al bajar las escaleras, o en el transcurso de las dos calles que recorremos a pie hasta la escuela. En esos momentos, sus preguntas, reflexiones, son de una intensidad que no vuelve a repetirse el resto del día, venidas de algún lugar donde las primeras ideas de la vida y sus imágenes fundantes se están amasando, cobrando forma, color y también sus límites.


Hoy, me sorprende trayendo un recuerdo del cuento leído con su seño el día anterior. Y yo que me he trepado a su cama, con algo más de letargo, con algo más de fragilidad y de ganas de amarrarme a ella, escucho lo que tiene para decirme una mañana cualquiera como hoy.

"Todo volcán tiene su espíritu y su dueño", trae. 


Sucede luego mi abrazo tibio, mi sonrisa lenta, la certeza de lo inmenso de este momento, que prolongo sumergida en el silencio donde reverberan todavía sus palabras. 

Entiendo el tesoro. Y escribo, como siempre, para no olvidar.


(27/12/2016)







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